martes, 15 de mayo de 2007

Distritos (2)

Una de las pocas propuestas explícitas que se han hecho hasta este momento, para ser tratadas en la Asamblea, es la de establecer distritos uninominales para la elección de diputados. Varias personas y organizaciones sociales la vienen planteando desde hace algún tiempo y, por el entusiasmo con que ha sido acogida, se puede suponer que tendrá muchos seguidores entre los asambleístas.

Quiero comenzar señalando que mi opinión es contraria a esa modalidad porque sería un remedio que agravaría las enfermedades del sistema político ecuatoriano. Veamos algunas razones.

En primer lugar, quienes la impulsan sostienen que con ella se obtendría mejor representación, pero es precisamente lo contrario. En un distrito uninominal -como su nombre lo expresa- sólo se elige a una persona, por tanto no hay proporcionalidad ni representación de minorías. El primero se lleva todo, los demás se quedan sin nada. Por tanto, no cuenta la votación que se obtenga ya que lo que importa es llegar primero. En condiciones de fragmentación de la votación, como es nuestro caso, los candidatos que obtienen los primeros lugares apenas consiguen el 20% o 25% de los votos, lo que quiere decir que el resto, que es la mayoría (80% ó 75% de los votantes en este caso) se queda sin representación. Aún cuando obtuviera alrededor de la mitad de los votos (lo que es casi imposible en nuestro medio), habría una proporción similar de personas que no contarían con representantes. Por ello, resulta paradójico que esta sea un planteamiento hecho por organizaciones pequeñas, ya que ellas serían precisamente las que tendrían mayores posibilidades de quedar excluidas.

En segundo lugar, la elección en distritos uninominales tiende a personalizar la representación y la política en general. En un medio en donde los partidos son débiles (e incluso en este momento prácticamente inexistentes), sería inevitable una personalización aún mayor a la que hemos observado en estos años. El caudillismo, el caciquismo y el clientelismo se agudizarían con esa modalidad de elección.

En tercer lugar, quienes proponen instaurar los distritos dicen que habría mayor relación entre el elector y su representante. Esto es verdad, pero cabe preguntarse si eso es necesario para el caso de los diputados. Es muy diferente para la elección de concejales y consejeros, donde se requiere que los intereses y las necesidades de grupos específicos -delimitados territorialmente- se encuentren representados. Pero los diputados deben representar a la nación en su conjunto, no a determinados sectores. Las leyes deben ser elaboradas para el conjunto de los habitantes del país, con una visión nacional (como lo establece la Constitución vigente y cualquier constitución en el mundo). La elección por distritos convertiría al Congreso en algo más cercano a un municipio que a un parlamento.

Finalmente, se dice que de esa manera el diputado podría rendir cuentas de mejor manera a sus electores. Pero hay que preguntarse sobre qué se quiere que rinda cuentas a una población de un distrito delimitado. Él debe rendir cuentas al país sobre su acción legislativa, no sobre la realización de obras o la canalización de recursos, que es lo que se insinúa en esas propuestas. Nuevamente aparece aquí el riesgo de profundizar prácticas como el clientelismo. Un diputado distrital-uninominal estaría prácticamente obligado a responder con obras y recursos a sus electores, lo que sería agravar aún más uno de los mayores problemas que ha tenido el país en estos años de régimen constitucional.

Creo que hay que pensarlo más detenidamente y tomarnos un tiempo para el debate.

4 comentarios:

j_major dijo...

yo estoy a favor de la distritalización porque nunca he podido encontrar 14 nombres por quién votar en una papeleta tan grande como la de Pichincha.

y eso que suelo ser atento a los procesos políticos. la gente común sólo reconoce a pocas personas en la papeleta, por eso es fácil recurrir al voto en plancha.

puede llegarse a un mecanismo distrital sin llegar al distrito uninominal. en chile, según entiendo, los distritos son bi-nominales (cada distrito pone 2 legisladores), mecanismo criticado por haber fomentado el bipartidismo (concertación-derecha) sin dejar espacio a minorías de ambos lados del espectro ideológico.

sería ideal establecer distritos plurinominales (de 3, 4 o 5 diputados) para eliminar aberraciones como 18, 14 o 9 diputados en ciertas provincias.

vichomartin dijo...

Creo que la representación por distritos hay que re-pensarla. Si se sigue las circunscripciones cantonales o provinciales como distritos obviamente que se estaría confundiendo con las representaciones locales. Los distritos deberían estar constituidas por macro áreas de integración regional, que tengan alguna articulación en su desarrollo. Es bueno que en la asamblea existe alguna representación que incorpore los intereses de las grandes corrientes de desarrollo que existen el país. De esta forma la representación de "lo nacional" no sea muy general o aérea y que tenga algún engarce visible con las constelaciones de intereses, visiones y actores tan heterogéneos y que de una vez por todas podamos ir superando las tradicionales rivalidades regionales, raciales, elitistas y culturales para llegar a una política de acuerdos más duraderos.

Juan dijo...

Creo que los comentarios anteriores son formas de viabilizar los distritos sin caer en los vicios que advierte Simón Pachano.
Otra opción puede ser crear segundas vueltas para asegurarse un apoyo mayoritario, pero comparto la idea del sistema chileno, binominal.
El rendimiento de cuentas no solo debe ser por obras o recursos. Es tambien una manera de saber por quién y por qué votó tal candidato.
Si mi diputado vota en contra de lo que yo pienso o comete un acto de corrupción, no tendrá mi voto la próxima vez. Como electores, el sistema distrital nos facilita el seguimiento.
La otra cara de la medalla es la posibilidad de tener caciques y redes clientelares. Lamentablemente eso ya existe en nuestra política y los distritos no lo correjirán, pero este sistema en lugar de exhacerbar los cacicazgos, podrían también coartarlo, ya que nos obliga a los electores a tener madurez como votantes. Es decir, el elector "aprende" de sus errores. Lo deseable es que el sistema perdure.
Y para evitar "municipios" en el Congreso, hay que considerar también un sistema bicameral. De tal manera que elegimos senadores provinciales. Y dicho sea de paso, con el actual sistema he conocido muy pocos diputados que se deban al país y no a su provincia.

Anónimo dijo...

Yo estoy de acuerdo con la distritalizacion porque es la única forma que segmentos de la población que siempre han sido marginados del proceso político del país puedan elegir a sus representantes y después exigirles resultados. Estoy de acuerdo con el Sr. Pachano que el congreso nacional vaya a estar integrado por personas sin visión nacional y que solamente responden a las necesidades de sus distritos. Creo que esto se puede solucionar con el establecimiento de un congreso bicameral. La cámara alta estaría conformada por un representante de cada provincia del país y serviría por un periodo de 5 0 6 anos y los de la cámara baja se elegirían por un periodo de 2 a tres a anos. De esta forma se establecería un equilibrio en el sistema político nacional. Los de la cámara baja representarían las aspiraciones de los votantes de sus distritos y los de la cámara alta los intereses nacionales. Yo vivo en EEUU y he podido ver de cerca que este sistema bicameral funciona bastante bien.